Podemos realizar una clasificación de la forja de acero en tres categorías diferentes dependiendo de la temperatura de formación:
La temperatura de forjado se encuentra entre los 950 y 1250º Celsius, por encima de la temperatura de recristalización. Resulta en una buena conformabilidad y requiere bajas fuerzas de formación.
La temperatura de forjado se sitúa entre los 750 y 950º Celsius. Esta temperatura conduce a una ductilidad limitada y requiere fuerzas de formación superiores a las de la forja en caliente. Una de sus grandes ventajas es que se sitúa a medio camino entre el forjado caliente y el forjado frío, lo que le dota de una mayor versatilidad.
La temperatura de forjado está en [condiciones de sala", con una temperatura que alcanza hasta 150º Celsius. El resultado de este tipo de forjado es una baja conformabilidad y necesita altas fuerzas de formación. Cuenta con la gran ventaja de que permite una mejor conservación del material y un mejor acabado de la superficie.
El acero forjado se diferencia de otros tratamientos como el de fundición a través de sus propiedades, que son únicas:El acero forjado tiene una gran resistencia, una mayor dureza y una durabilidad de primera categoría. En contacto con otras sustancias, es muy poco probable que el acero llegue a romperse.
Es posible mantener la misma consistencia en todos los forjados de acero fabricados, ya que el proceso de forjado es bastante exhaustivo y medido.
Existe un límite en el grosor y tamaño del acero que se puede forjar, ya que la conformación del metal es un trabajo bastante tedioso.
La forja de acero es generalmente utilizada en aplicaciones mecánicas e industriales gracias a su resistencia, disponibilidad y tipos de aleación especializada, como acero inoxidable y acero al carbono. El forjado de acero ofrece una resistencia insuperable para la fabricación de piezas.